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La exploración del espacio y la inminente carrera espacial privada están haciendo que los hombres de ciencia se planteen nuevas preguntas. Si, por ejemplo, antes éstas eran ¿Cómo podemos visitar Marte? Ahora son ¿Deberíamos hacerlo? Estas interrogantes indefectiblemente abren el espacio para nuevas disciplinas como las astrobioética, la ética al momento de buscar vida (o llevarla) en el espacio.
Para entender un poco más sobre este nuevo campo de estudio, N+1 conversó con el Dr. Octavio Chon, filósofo profesor de la Universidad de Lima, Perú y presidente de la Asociación Peruana de Astrobiología – ASPAST, quien hace poco publicó un estudio sobre astrobioética en el International Journal of Astrobiology de la Universidad de Cambridge.
N+1: ¿Qué es, en términos simples, la astrobioética?
Es la disciplina que estudia las implicancias morales y los debates éticos que emergen a partir de la exploración de vida en el universo, con todas sus vertientes, como el hecho de que incluso nosotros mismos nos expandamos en el cosmos.
La astrobioética es una rama de la astrobiología y de la filosofía porque la ética es una disciplina filosófica y que con la astrobiología se produce un enfoque interdisciplinar que va más allá de las ciencias naturales. Se divide en el aspecto moral, aspecto legal y aspecto social. La astrobiología también abarca una dimensión de las ciencias sociales que es indiscutible en tanto que toca las raíces de una de nuestras incógnitas más importantes como especie: ¿estamos solos en el universo?
No existen respuestas absolutas en astrobioética así como no existen soluciones maestras en el campo de la ética, pero ello no significa que podamos basarnos en un enfoque moral para poder legitimar nuestras acciones en función de determinados fines.
Todo esto debe lograrse en base al consenso y no a la imposición, sino repetiríamos lo que se hace en, por ejemplo, una dictadura, en donde el dictador puede creer que tiene el derecho moral de imponerse sin autocuestionarse.
N+1: ¿Cómo se puede hablar de "ética" en un campo como la astrobiología que aún no se considera una ciencia?
La astrobiología es una ciencia identificada por diferentes agencias espaciales, entre ellas la NASA y la ESA. Hace poco se publicó un White Paper que busca instaurar las bases para un futuro instituto de astrobiología europeo, y a nivel de posgrado existen varios programas de astrobiología para poder especializarse.
Si bien es cierto la astrobiología nace como un proyecto de investigación a mediados de los años 90’ en la NASA, eso no ha significado que [no] continúe su camino, complejizándose a medida que avanzaba, y constituyéndose posteriormente como la disciplina científica que es. Si lo examinamos epistemológicamente esto se hace más interesante porque se trata de un enfoque de carácter transdisciplinario, y quizá ese es el motivo por el cual a algunos les cueste considerarla como ciencia, porque va más allá de una disciplina en particular.
Ahora imagínese, si una persona ha estado toda su vida acostumbrada a este tipo de enfoque de microsabio, por supuesto que le costará cierto esfuerzo contemplar alguna actividad que haga conectar disciplinas como lo hace la astrobiología. Es en este sentido que la astrobiología así como la astrobioética representan un cambio potencial de paradigma, si queremos llamarlo así, porque basta con contar con una pequeña evidencia - y no solo creer que la hay- de vida marciana para que seamos testigos de cambios sin igual.
La Agencia Espacial Europea recientemente encontró lo que serían depósitos de agua subterranea bajo el casquete polar marciano. De ser ese el caso, las potenciales para encontrar vida aumentarían
Mars Express / ESA
N+1: De acuerdo a su opinión ¿Debería modificarse el tratado de Protección Planetaria y enviar sondas a investigar el agua en Marte (u otros cuerpos), y/o posteriormente colonizar el Planeta Rojo? ¿Terraformarlo, quizás?
La cuestión puede reducirse en lo siguiente: ¿cuál es el mejor momento para empezar a intervenir Marte para que pueda albergar vida? Esto descansa sobre la premisa de que no la hay [vida], sino la problemática moral se agudiza.
De todas formas, no existe forma de estar totalmente seguro de que en ningún rincón de Marte tiene vida. De hecho la balanza ahora estaría por indicar que puede haber debajo de su superficie. La decisión final de hacer que Marte empiece a albergar vida de la Tierra puede yacer en una política, como en la carrera aeroespacial de la guerra fría se competía por quién llegaría primero a la Luna.
En el caso de la Política de Protección Planetaria (PPP), por supuesto que debería cambiar, y de hecho existen eventos que realiza el Cospar –Committee on Space Research- y se debaten este tipo de asuntos, de modo que no es un problema menor sino que ha ido adquiriendo mayor relevancia en tanto las posibles señales de vida en Marte han ido en aumento.
Sin embargo, para darle más prioridad al PPP debería tener un dimensión vinculante porque si un país o la empresa privada por accidente, supongamos, extinguen un tipo de vida que hasta la fecha no se pudo detectar, ¿qué tipo de pena recibiría?
N+1: ¿A qué se refiere cuando dice en su paper que los humanos "tenemos la obligación moral de expandirnos en el universo" y que "somos los guardianes del universo"?
Obligación moral como especia que quiere perpetuarse en el tiempo y en el espacio, considerando y respetando lugares de alta probabilidad de vida extraterrestre. Somos los guardianes de la vida en el universo en tanto que hasta no tener evidencia de otras formas de vida, la que conocemos es la única que existe. Y si se encuentran otras formas de vida de igual forma seriamos los guardianes de la vida en el universo… de la vida terrestre. Esto sería parte del aspecto moral de la astrobioética.
N+1: ¿Está de acuerdo, entonces, con lo que dice el Prof. Zubrin, presidente de Mars Society qué "no debemos anteponer los derechos de unos hipotéticos microbios marcianos, sobre los de los propios humanos"?
Considero que no debemos asumir una postura radical en este tema. El tema de la astrobioética es más que solo considerar la posible presencia de unos microbios marcianos, es también proteger y conservar lugares que podrían albergar vida en el futuro.
Charles Cockell, por ejemplo, propone que establezcamos lugares protegidos así como en la Tierra tenemos los grandes parques naturales. Y si vamos más allá, proteger lugares históricos como, en el caso de la Luna, la primera pisada del ser humano.
No hay que caer en un reduccionismo biológico, deberíamos orientarnos hacia lo que denomino una posición astrobiocéntrica. Yo le respondería a la frase del Prof. Zubrin que los derechos de los hipotéticos microbios marcianos y los derechos de los propios humanos pueden coexistir.
N+1: Con respecto a nuestra región, Latinoamérica ¿cree que las humanidades (como la filosofía y la psicología) puedan tener un espacio dentro de esta nueva carrera espacial?
Las naciones latinoamericanas todavía no tienen la capacidad para enviar seres humanos al espacio por cuenta propia, es verdad, pero eso no impide que nuestro capital humano pueda colaborar de una u otra forma, como por ejemplo en el caso de las humanidades, la filosofía y la psicología.
No debemos desmerecernos por no contar con la capacidad material o económica. La sociedad civil también puede colaborar desde sus posibilidades. La organización en la que soy presidente, la Asociación Peruana de Astrobiología (ASPAST), organiza y elabora temas astrobiológicos como el IV Congreso Internacional de Astrobiología que será a fines de octubre de este año.
Así como nosotros, en otros países latinoamericanos también existen agrupaciones que poco a poco están creciendo y ayudan al desarrollo de la astrobiología en nuestra región.
Victor Román
Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, tecnología que suma.
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Señal Nacional
¿Qué busca la astrobiología?
Busca estudiar la evolución de la vida, su origen, presente y futuro tanto en la Tierra como fuera de esta.
¿Y qué es la vida?
Ese, verás, es un problema en el que incluso los biólogos no tienen un consenso definitivo. ¿A estas alturas del partido?
Sí, y por eso algunos critican a la astrobiología, ya que si no tiene un objeto de estudio definido, ¿cómo podemos esperar resultados concretos? Bueno, algo cierto hay allí. Pero esa falta de objeto de estudio, en realidad, no es un problema. Lo mismo se dijo de la llamada 'Partícula de Dios' o bosón de Higgs, hasta que se tuvieron las pruebas de su existencia. Lo de la vida es cuestión de tiempo también, si somos optimistas.
¿Pero vida no es todo lo que nace, crece y se reproduce?
Esa es una definición que podríamos manejar, pero de todas maneras tiene dificultades.
¿Por ejemplo?
¿Qué pasa con las personas infértiles...? ¿dejan de estar vivas, acaso?
Algunos estudiosos señalan que los virus no son seres vivos.
Sin embargo para la astrobiología eso no es un problema, porque sus objetivos no se centran solamente en ello, sino también, por ejemplo, en las condiciones que hacen posible que origine la vida en la Tierra, el estudio de los exoplanetas (planetas que orbitan otras estrellas), etc.
¿Y qué esperan saber acerca de esos astros?
Si tienen las condiciones climáticas para que surja vida, sin que ello implique que exista vida, pese a que el planeta presente bioseñales.
¿Bioseñales? Por ejemplo: presencia de oxígeno, el cual se puede detectar mediante una 'fotografía' espectroscópica.
¿A esas distancias?
El oxígeno emite una señal característica que es captada por instrumentos de medición, entonces estamos ante la presencia de una bioseñal. Pero incluso el hallazgo de estas señales tiene un problema, desde el punto de vista de la filosofía de la ciencia.
¿Cuál? Recordemos que nuestra concepción de vida se basa en el llamado CHON —y no me refiero a mi apellido (ríe)— sino al carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno. Es una noción de vida que depende, enteramente, de lo que vemos que existe en la Tierra. Tenemos una visión biogeocéntrica.
¿Cómo hallar vida que no incluya al CHON, entonces?
Si es difícil poder diferenciar, al detalle, cosas que están a años luz de distancia, imagínate poder identificar vida fuera de la concepción del CHON. Hallar esta nueva forma de vida será un gran reto y un potencial de múltiples dimensiones para la astrobiología. Imagínate que en Marte se encuentre evidencia de vida.
¡El evento del milenio!
Sería un cambio en nuestra perspectiva, tan importante como lo tuvo el saber que no éramos el centro del universo, como antes se creía.
Y si mañana mismo se hallara vida en Marte, ya sea microscópica... ¿cuál sería el papel de Dios o la religión? A mi parecer, Dios seguiría siendo adorado.
¿Por qué?
Porque la gente siempre busca darles un sentido a las cosas: Lo encontraría en Dios, en este caso.
¿Pero un descubrimiento de esa magnitud no le restaría sentido a la presencia de Dios? ¡Para nada! La idea de Dios se afianzaría, diciendo que Él tiene criaturas por todo el universo. Por eso, ante un evento así, las religiones tendrán modificaciones. La palabra religión viene del latín 'religare', que sería básicamente 'lo que reúne, conecta, da sentido a la existencia'. Viéndolo de ese modo, la religión reconectaría los nuevos descubrimientos que se den en la astrobiología para adaptarse en un sentido que sus fieles puedan aceptar... tal como el catolicismo hizo con la idea de que el sol es el centro del sistema planetario.
¿Y si se es ateo?
Ellos no necesitan explicaciones religiosas para sentir que su vida tiene sentido: ya la construyen a través de la búsqueda de conocimiento fundamentado.Alguna repercusión a nivel social tendrá este hallazgo. Si halláramos vida, nos ayudará a contextualizarnos en el cosmos. Posiblemente cambien ciertas leyes. No creo que los límites entre países desaparezcan por un tema administrativo, pero sí nos haríamos una idea más madura de seres humanos planetarios.
Eres filósofo, ¿cómo entra a tallar la filosofía en la astrobiología?
La filosofía puede ayudarnos a comprender nuestro lugar en el cosmos, a partir de los resultados de la astrobiología. Segundo, la astrobiología está compuesta por distintos especialistas que, muchas veces, tienden a ver las cosas solo desde su especialidad. Entonces, la filosofía ayuda a formar un discurso que relacione las diferentes ciencias de la astrobiología.
Se da aliento colgando mensajes motivadores lanzados por su artista preferida, Katy Perry, en su muro de Facebook. Casi todos tienen que ver con “luchar por los sueños”. Yarina Becerra es una adolescente de 16 años, que está a punto de terminar el quinto año de secundaria en el colegio estatal Manuel Tobías Cerrón de Puente Piedra. Es una chica con sueños. Dice que quiere ser astronauta y llegar al espacio, y no le importa que sus compañeros de salón se burlen de ella. Eso no importa. Cuando acaba la semana, los sábados por la mañana, se reúne con otros adolescentes que piensan como ella en un club llamado Diverticiencia. En este club, Yarina y sus compañeros se alejan de su día a día, de sus barrios violentos y pobres, y se encierran en un salón a hacer experimentos. Su profesora les pica la curiosidad hablándoles sobre la tercera ley de Newton, la presión hidrostática, la posibilidad de la vida en otros planetas. Sobre este último tema, Yarina habla mucho con su amigo Andrei Valencia, adolescente como ella, de 17 años, y que en este momento está sentado a su lado machacando hojas y pétalos de rosas en un mortero, haciendo un experimento llamado "cromotografía vegetal. Hoy sábado no es un día cualquiera. Diverticiencia, el club de Yarina, se ha juntado con otros clubes de ciencias de su distrito en el colegio Augusto B. Leguía para un evento importante: por primera vez van a hablar de los fenómenos del universo con científicos de verdad. Biólogos, químicos, físicos y hasta filósofos han venido para hablarles de un concepto hasta ahora desconocido: la astrobiología, una disciplina científica que nació en los noventa y que combina los conocimientos de otras ciencias como la astrofísica, la biología, la geología, y la química para resolver el gran enigma de si existe vida o no fuera de la Tierra. Por primera vez, en Puente Piedra, se hablarán de los grandes temas que se discuten en la Agencia Espacial de Estados Unidos, la Nasa.
El laboratorio está lleno. Son alrededor de cincuenta escolares de la edad de Yarina y Andrei a quienes el solo hecho de hablar de vida extraterrestre atrae como la miel a las abejas. “Queremos enseñarle a los chicos a determinar si ciertas plantas pueden ser aptas para sobrevivir en otros planetas”, dice el cirujano Julio Valdivia que es, además, investigador de medicina espacial de la Nasa y que al comenzar la mañana, antes de arrancar con los experimentos, les ha hecho preguntas rarísimas a los chicos como: ¿qué es la vida? ¿existe vida fuera de la Tierra? ¿hay vida en otros lugares del Universo? Julio forma parte de la ASPAT, la Asociación Peruana de Astrobiología –fundada hace dos años por el filósofo Octavio Chon y el biólogo José Mamani– que tiene como finalidad despertar la curiosidad de estos escolares para que sean los futuros exploradores peruanos del espacio."¿Por qué no? –dice Valdivia– de aquí podrían salir investigadores que podrían formar algo importante en el país. Con la astrobiología queremos transmitirles a los niños la idea de que ellos pueden ser capaces de entender varios temas", añade. Durante cinco sábados, estos científicos van a desarrollar experimentos con los escolares. Un biólogo, por ejemplo, les hablará sobre los extremófilos, aquellos organismos que toleran las condiciones de vida más extremas y que probablemente habiten planetas desconocidos con atmósferas violentas. Un astrónomo les hablará de los exoplanetas o los planetas que orbitan estrellas que no pertenecen a nuestro sistema solar. "Queremos acercar a los niños a diferentes áreas porque la realidad es compleja y todo tiene conexión. No queremos que salgan de las universidades siendo científicos especializados en un solo campo. No queremos que sean microsabios macroignorantes", dice Octavio Chon, que a sus 28 años y junto a sus amigos astrobiólogos se ha propuesto hacer una tarea que le corresponde al Estado: acercar la ciencia a los niños, convertir a los colegios de la periferia de Lima en semilleros de la investigación. Todo subvencionado con sus propios sueldos. Chon es profesor de la Universidad de Lima.
Andrei Valencia, el amigo de Yanira, sigue atento al experimento que en este momento desarrolla la estudiante de Química, Janet Pinto. Van a descubrir de qué elementos químicos están hechos los cometas. Janet se pone sus guantes, vierte un poco de hielo seco, o dióxido de carbono en estado sólido, en un vaso de precipitación lleno con agua y, ¡Voilà!, el vaso casi desaparece tras una nube blanca que se ha formado por la reacción. "De esta clase de hielo estarían hechos los cometas, pero también de agua, de metano, de hierro, de magnesio y sodio", explica la universitaria. Andrei se sabe de memoria el experimento. Claro, lo ha visto en internet o en Nat Geo pero nunca en vivo y en directo. Andrei o 'loco' como lo conocen sus amigos sabe muchísimo y puede hablar de agujeros negros, de la Teoría de la Relatividad y de cómo estudiará genética y creará una raza de "hombres mejorados", modificados genéticamente, que podrán adaptarse a los climas de otros planetas.. Andrei es un pequeño genio, de padre taxista y de madre ama de casa, sube al tercer piso de la casa de su tía por las noches para ver la luna y alucinar de que alguien lo mira desde allá arriba. Sueña como su amiga Yarina con viajar al espacio después, claro, de convertirse en un gran genetista. Hace poco se unió al club de ciencias de su colegio. El que hoy esté frente a este grupo de astrobiólogos que vienen a dar conferencias sobre los últimos avances científicos, lo coloca en una situación privilegiada, lo ha juntado con gente que tiene sus mismas ambiciones. "Yo sueño con viajar en el tiempo como Marty McFly de Volver al Futuro, volver a la década del cincuenta cuando mis abuelitos se conocieron". Sí, tiene ambiciones descabelladas pero, ¿a dónde hubiese ido la ciencia sin ellas?
Los astrobiólogos se están haciendo conocidos en otros países de América Latina. En Colombia hay un Instituto de Astrobiología que, en convenio con la Nasa, lleva a los escolares a talleres científicos en Estados Unidos y los anima a trabajar en proyectos de investigación en su país. Los de la Aspast esperan dar talleres en diez colegios más, todos de Lima. "Esta es una experiencia bastante enriquecedora para los científicos. Si queremos que la sociedad sepa más de ciencia, debemos de ser nosotros, los científicos, los que la llevemos a la calle. Por eso nos asociamos y decidimos empezar con los talleres", afirma Octavio Chon. "Cuando les digo que voy a llegar a la Nasa, mis amigos se ríen pero yo no les hago caso. Respeto su forma de pensar pero hasta ahí no más. Yo quiero estudiar una carrera que me fascine y seguiré como el rayo", dice Andrei. "Cuando tenía su edad, yo estaba pensando al igual que ustedes qué iba a hacer con mi vida –cuenta Julio Valdivia, el médico de la Nasa– bueno, solo les digo que sueñen porque la investigación y la ciencia te hacen soñar y quien es curioso puede hacer cosas increíbles en el futuro".
Su padre es profesor de kung fu y su mamá enseña inglés. Octavio Chon tiene 31 años, creció en el Callao y estudió en un colegio estatal; hoy es catedrático en las universidades San Marcos y de Lima, además de doctor y magister en Filosofía. Le atrae tanto la Astrobiología, la ciencia que estudia la vida en el universo, que con unos colegas fundó la Asociación Peruana de Astrobiología y juntos visitan colegios llevando divertidos experimentos para que las niñas y niños interesados en las ciencias sepan que, como él, ellos también son capaces de alcanzar -y estudiar- las estrellas.
¿Cómo entender que en zonas pobres haya chicos tan interesados en la ciencia?
Es que el interés por la ciencia es un interés humano, no importa si uno tiene mucho o poco dinero; el interés está determinado por la curiosidad.
¿La curiosidad es innata o se puede cultivar?
Diría que es innata, aunque se va cultivando según la sociedad en la que vivas. Imaginemos que Albert Einstein (el científico más popular del siglo XX) hubiera nacido en un lugar con pocos recursos y oportunidades; él habría tenido el talento, pero quizás lo habría dirigido hacia otras acciones o lo habría desperdiciado o, simplemente, este no habría aflorado. No basta el interés a priori, importan también el fomento y desarrollo de actividades que permitan a la persona crecer en el dominio del tema que le atrae.
“El interés por la ciencia es un interés humano, no importa si uno tiene mucho o poco dinero. El interés está determinado por la curiosidad.”
O sea, en nuestros colegios hay un potencial que corre el riesgo de desperdiciarse.
No solo en los colegios, también en las universidades. He sido testigo de ello, compartí estudios con compañeros que realizaban excelentes trabajos, pero que se quedaron allí. No dieron el salto. No se dio el contexto, la oportunidad o quizás no contaron con la información suficiente. En mi caso, por ejemplo, venía publicando (sus investigaciones) en revistas (científicas) locales, en mi idioma, hasta que me animé a dar el salto y escribí en inglés; y mi primer artículo terminó siendo publicado por la Universidad de Cambridge (Inglaterra). Entonces, pienso: lo mismo debe ocurrir en el colegio, en la universidad y en el campo laboral. Hay que buscar el canal, la oportunidad.
El que su investigación hay captado el interés de una universidad europea de prestigio debió marcar su vida.
Me hizo tomar consciencia. ¿Qué habría pasado si me limitaba a publicar solo en castellano? Lo mismo pasa en el colegio: si un estudiante tiene el interés y el talento, pero no el contexto para desarrollarse… Recordemos que el ser humano es un animal político, que se da en su relación con otros. Nuestra personalidad se desarrolla en función a nuestro entorno.
Por eso es que la Asociación Peruana de Astrobiología va a los colegios, para dar con aquellos niños interesados en las ciencias.
Exactamente. Tratamos de suplir las carencias del Estado y aproximar a los estudiantes a esta ciencia astrobiológica.
¿Cuál fue el primer colegio que visitaron?
Un colegio de varones en Ate Vitarte, en el que se reunió una selección de estudiantes de distintos colegios del distrito. Hicimos una selección porque de acuerdo con otras experiencias, si convocas a todos en masa, no todos van a estar interesados.
¿Cuál era su expectativa y qué encontraron?
Esa primera vez no teníamos la esperanza de tener un resultado que satisfaga nuestras expectativas. Simplemente queríamos que ocurra, que el taller nazca y se desarrolle, para, en función a ese mismo desarrollo, seguir trabajando.
¿Y qué pasó?
Hubo una muy buena acogida. La primera vez, solo un colegio aceptó ser parte y lo hizo tímidamente; pero después todos querían. Era tanto el interés, que no nos dábamos abasto. Fue muy intenso. Empezamos los talleres hace dos años, eran los sábados y hacíamos experimentos con orientación astrobiológica.
“La primera vez, solo un colegio aceptó ser parte y lo hizo tímidamente; pero después todos querían.”
¿Cómo reaccionaban ante los experimentos? Eso debió ser hermoso.
¡Claro! Porque a eso apunta la investigación formativa: a formar a través de la investigación. Al principio, nuestro nivel divulgativo era accesible para todo público, pero poco a poco fuimos introduciendo jerga científica, ya que necesaria para familiarizarlos con la astrobiología. Nuestro énfasis estaba puesto en enseñarles astrobiología y cómo conectar ideas, porque la astrobiología es una ciencia transdisciplinar.
A la astrobiología no solo le interesa el estudio de la vida en la Tierra, sino más allá de nuestro planeta.
Por eso les enseñamos (a los escolares) a conectar diversas ideas, porque la creatividad está en eso: en conectar ideas que nos lleven a nuevas puertas, misiones, planteamientos. Eso, como ejercicio lúdico en nuestros talleres, les va a ser útil para otros cursos, incluso para su vida diaria, porque van a aprender a conectar ideas y a resolver problemas.
¿Cuál ha sido la experiencia con escolares que más llamó su atención?
Hubo una, con un grupo de niños de primaria, todos uniformados con sus mandiles blancos de científicos. Muy entusiastas. ¡No paraban de hacer preguntas! Y como les comenté: el interés que ya había en ellos -gracias a que les ofrecimos un medio-, se duplicó. ¡Eran unos científicos en miniatura! Después, en Puente Piedra, un grupo de alumnos de secundaria se nos acercó para preguntarnos cómo podían saber más sobre astrobiología, y los invitamos a las conferencias y talleres que brinda la Asociación Peruana de Astrobiología. A ese colegio llegamos porque allí había estudiado un alumno mío de San Marcos. En los colegios de Puente Piedra hemos encontrado un gran interés por la ciencia.
Internet debe ser un aliado clave.
Claro. Tenemos como 30 mil seguidores en Facebook y, en nuestra web, por ejemplo, brindamos los detalles para lanzar una sonda estratosférica. Ese es nuestro siguiente paso: realizar experimentos estratosféricos (que lleguen hasta esa capa de la atmósfera, que está a más de 20 kilómetros del suelo), para después replicarlos en los colegios.
Los chicos que asisten a sus charlas no necesariamente son de colegios súper enfocados en las ciencias.
De acuerdo con mi experiencia, puedo decir que podemos tener un genio en el colegio menos pensado. Yo también soy de colegio estatal.
Y hoy es doctor y magister en Filosofía, y sus textos tienen acogida a nivel internacional.
Exactamente. Por eso, no creo que el colegio sea lo único determinante; y es una de las razones por la que les llevamos especialistas peruanos a los chicos, para así cambiarles el chip y vean que los peruanos podemos con todo. ¿Cómo les cambias el chip? Con los hechos: este científico estudió en un colegio nacional, como tú; y estudió en una universidad estatal, como tú también lo quieres hacer.
“De acuerdo con mi experiencia, puedo decir que podemos tener un genio en el colegio menos pensado.”
¿Cuál es el experimento que más llama la atención?
Criogénesis.
¿Qué es eso?
Simular el entorno de un cometa o de una situación fuera del planeta. Se hace con hielo seco, que hierve al ser sumergirlo en agua a temperatura ambiente debido a que la diferencia entre ambas temperaturas es enorme. Claro, les ponemos colorantes para que el humo que se forma sea de colores y sea más vistoso. A partir de ahí, por ejemplo, evaluamos qué tan posible sería para un ser humano vivir en esas condiciones. ¿Sería posible? Para un extremófilo sí lo sería, pues son organismos que están adaptados a condiciones de vida extrema.
Deme un ejemplo de un extremófilo.
Un tardígrado.
¿Tardígrado?
Sí, el osito de agua. ¿Has visto AntMan? Cuando se vuelve microscópico se cruza con uno, un bichito con varias patitas y una trompa. Es una forma de vida que incluso puede aguantar las condiciones que hay en el espacio. Algunos sospechan que es una forma de vida extraterrestre que ya ha aterrizado. También hablamos de la terraformación, que corresponde a la ingeniería planetaria y consiste en adaptar Marte para que tenga las condiciones ideales para la vida (terrícola). ¿Qué tan posible es? ¿Qué tan ético? Son problemáticas que también les planteamos.
¿Qué le dijeron sus papás cuando anunció que quería seguir Filosofía?
Que sí estaba seguro (ríe)… Yo les dije: “Si uno es bueno en lo que hace, le va a ir bien”. Porque en tanto te guste, te vas a sentir bien, no vas a notar que es un trabajo pesado y vas a irte perfeccionando hasta, eventualmente, alcanzar el éxito. Es lo lógico.
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